SUPERINTENDENCIA  DE  
ESCUELAS CATÓLICAS

 
ARQUIDIÓCESIS DE SAN JUAN DE PUERTO RICO

 

Oficina de la Superintendente


María S. Colón de Marxuach, M.Ed.
Superintendente

Ha comenzado una nueva etapa para la Superintendencia de Escuelas Católicas de la Arquidiócesis de San Juan bajo mi mandato.  Nuestro sentido de Iglesia  permea todo cuanto representa la clara  Misión, Visión y Valores del sistema educativo católico en el cual trabajamos,  educando no solamente en dar carrera para vivir,  sino en templar el alma para la vida. 

Cada cierto tiempo, el entorno en el que vivimos nos va dando mensajes de tendencias, formas de pensar, de trabajar, de actuar, valores que van dictando el estilo de vida que va caracterizando épocas en la historia del devenir humano.

En esta época en la que nos movemos, se pone de pie algo que pide atención urgente:  la dignidad del ser humano. ¿Quién lo hubiera creído,? pero así es.  Lo más valioso de la creación jamás soñado y me atrevo a decir más,   sólo capaz de ser concebido por un Dios, es increíblemente lo que más se maltrata hoy día.

 Se hace imprescindible dedicarle nuestra atención a escuchar.  Escuchar tanto a lo que nos rodea, como a nosotros mismos. Se hace imperiosa la facultad de tener ideas muy claras de lo que deseamos lograr con los estudiantes.  Cada acto educativo tiene que tener una razón de ser, y fíjense que incluyo todo "acto" como educativo, porque el milagro de la vida que habita en cada persona tiene inteligencia y sentimiento, por eso, como educadores,  damos forma a la competencia intelectual y a la Fe y por eso cada gesto que hacemos lleva viceralmente la capacidad de educar. 

 Cuando actuamos, alguien nos mira, nos observa, especialmente cuando se es maestro y vivimos rodeados de personas que "están estudiando."  Hay un ojo en el corazón de cada estudiante que quiere ser creyente,  que nos observan buscando respuestas, razones para sonreir, inspiraciones para ser feliz en la vida.  Un sólo gesto de ese maestro tiene la fuerza  tanto para hacer el bien,  como para marcar una vida que se hará daño  para siempre.

Dentro de nuestra misión educadora, sabemos que es sólo a través de la necesidad como se desarrolla el ser humano, y cada estudiante forma parte de esa imperiosa necesidad. Para descubrir esa "necesidad" solamente hay una forma de hacerlo:  que te interese y saber "escuchar."

No podemos perder la facultad del "pensar."  Todo educador es quien en la vida se conoce a sí mismo y conoce al otro.  Así se va formando un nuevo pueblo, con sinceridad que es fruto del que ha aprendido a sonreírle a la vida sin poner en primer lugar situaciones problemáticas por sombrías que puedan  ser.

Valorar la vida es acto de todo aquél que se sabe le debe la vida a Dios y esa actitud ante la vida es semilla buena que se deja en el corazón de un estudiante para siempre.

En toda persona habita la necesidad de conocer, de aprender y esa dignidad no podemos frustrarla bajo ningún concepto.  Cada estudiante que pasa por nuestras manos, tiene hambre de ser una persona feliz y tres cualidades forman parte de ese ideal:  quieren ser verdaderos católicos, en segundo lugar, desean recibir una educación buena que les lleve a valorar esa experiencia maravillosa y liberadora del aprendizaje y en tercer lugar, no podemos negarle la oportunidad de conocer su puertorriqueñidad.  Sintiéndonos orgullosos de lo que es "ser puertorriqueño" con esa autoconfianza que infunde necesariamente el valorar las raíces de lo que se es en la vida, formamos líderes, y permítanme repetirlo, líderes,  al servicio del "servicio" con un inquebrantable sentido de pertenencia por los valores nobles del ser humano.

Que Nuestro Señor Jesucristo junto a la siempre Virgen María y el Beato Carlos Manuel Rodríguez te acompañen en este caminar de educar dando forma,  cuidadosamente,  al corazón de un Nuevo Pueblo y  sembrar un poco de Fe y Esperanza  en nuestra  humanidad.

Muchas gracias.